Crear para aprender
Creatività e motivazione nella classe di spagnolo
Enseñar una lengua extranjera no consiste únicamente en aprender palabras, reglas gramaticales o estructuras comunicativas. Por eso, introducir la creatividad en el aula de ELE puede favorecer la motivación y la participación del alumnado.
Pero ¿qué entendemos por creatividad en el aula? No se trata necesariamente de realizar actividades extraordinarias ni de convertir cada clase en un taller artístico o lúdico. Una propuesta creativa permite al estudiante tomar decisiones, establecer conexiones, imaginar soluciones o producir algo propio utilizando la lengua que está aprendiendo. En definitiva, se trata de pasar de «hacer ejercicios» a «hacer algo con la lengua».
Los materiales didácticos ofrecen muchas posibilidades para dar este paso: por ejemplo presentando situaciones que pueden convertirse en experiencias de interacción y creación.
La creatividad aparece especialmente cuando una actividad deja espacio para transformar lo trabajado. Después de leer un texto, observar una imagen o participar en una situación comunicativa, podemos pedir a los estudiantes que cambien un elemento, adopten otro punto de vista, imaginen una continuación o creen algo para un destinatario concreto. Una conversación puede convertirse así en un pódcast, una historia en un diálogo o una experiencia cotidiana en una pequeña producción audiovisual.
El grado de complejidad puede adaptarse fácilmente al nivel y a la edad del grupo: desde completar o transformar un diálogo con unas pautas determinadas hasta diseñar un pódcast o un breve vídeo con mayor autonomía. De este modo, crear no implica necesariamente realizar una tarea compleja, sino ofrecer un margen para tomar decisiones y utilizar la lengua de manera personal.
Por ejemplo los «Talleres de lectura» de Mucha suerte pueden abrir nuevas posibilidades. «La casa de Arturo», «Rosa la bella», «El misterio de una paella» o «La ciudad» presentan a un autor o autora y una de sus obras, a partir de la cual se trabajan la comprensión lectora, el léxico y la producción escrita. A partir de este recorrido, los estudiantes pueden imaginar otros desenlaces, reconstruir una escena, formular hipótesis sobre los personajes o reinterpretar el texto. De este modo, la literatura deja de ser solo un texto que comprender para convertirse en un material que pueden hacer suyo.
Del mismo modo, las secciones «Entre culturas» proponen actividades de reflexión en las que el estudiante se implica en primera persona, relacionando los contenidos culturales con sus propias experiencias y puntos de vista. También aquí existe la posibilidad de ir un paso más allá y transformar esa reflexión en una producción propia: una comparación, una entrevista, un vídeo breve o una propuesta dirigida a otros compañeros.
En todos estos casos, la creatividad no es un objetivo añadido, sino una manera de utilizar la lengua. El estudiante no emplea el español únicamente para demostrar que conoce una estructura, sino para contar, imaginar, resolver o construir algo con otros. La creatividad devuelve así a la lengua su función más auténtica: comunicar con una intención y para alguien.
Crear para aprender significa, en definitiva, abrir espacios en los que el alumnado pueda apropiarse del español y utilizarlo con un propósito propio. Cuando dejamos de pedir únicamente respuestas correctas y empezamos a proponer decisiones, transformaciones y pequeños retos creativos, la participación se vuelve más activa y el aprendizaje puede adquirir un significado más personal.
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